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La Sagrada Familia de Burdeos |
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Indice
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PEDRO
BIENVENIDO NOAILLES FUNDADOR
Desde
sus años de seminarista, el Padre Noailles lleva en su
corazón un proyecto que, sin ninguna duda, procede de Dios. Ya
hemos hablado de su intuición inicial de crear una gran
Familia, una Asociación que abarcaría todos los estados
de la vida y las diferentes vocaciones en la Iglesia. Monseñor
d' Aviau, arzobispo de Burdeos, está en lo cierto, cuando le
dice: "No
es una obra cualquiera la que va usted a comenzar. Su proyecto
supone un gran Instituto, pero no importa. Siga adelante."
Estas
primeras religiosas son invitadas a tomar como modelo a la Sagrada
Familia, a vivir, entre ellas y a su alrededor, el amor que
caracterizaba las relaciones de Jesús, María y
José y a buscar y amar a Dios con su misma fidelidad. Nadie,
en esta tierra, ha amado y obedecido a Dios, con mayor fidelidad que
la Sagrada Familia de Nazareth.
"Nuestra
Asociación lleva el nombre de "Sagrada Familia"
para recordar a todos sus miembros que Jesús, María y
José deben ser sus modelos." |
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Dios no
abandonará a una huérfana |
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Todas las familias religiosas han vivido en sus orígenes verdadera epopeyas marcadas por la pobreza heroica, el total abandono a la Providencia divina y la frescura y novedad del Evangelio. La Sagrada Familia no fue una excepción. Pero, como suele ocurrir, al entusiasmo de los comienzos suceden, inevitablemente, los días marcados por el desaliento y la duda. La esperanza del pequeño grupo se sentirá renovada y fortalecida, cuando, en medio de la mayor de las penurias, abrirán sus brazos y su corazón a la niña huérfana y abandonada que el Padre Noailles les confía. "Déjenosla. Dios no abandonará a una huérfana ni a quienes la socorran."
Esta
pequeña, a la que van a servir de madres, les recuerda
vivamente al recién nacido de Belén. Su fragilidad, su
pequeñez las obliga, en cierto modo, a apostar totalmente por
Dios en quien han puesto una absoluta confianza. Otras niñas
huérfanas vendrán a unirse a este primer regalo. Y muy
pronto, surgirá la primera obra consagrada al cuidado de las huérfanas. |
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Otro
acontecimiento dará un fuerte impulso y
reavivará la confianza de la Congregación
naciente. El 3 de febrero de 1822, 18 meses después de la
Fundación, el Señor manifiesta, de manera
visible, su presencia real en la Eucaristía. Aquella
tarde de domingo, todas las personas que se habían reunido en
la capilla de las religiosas, para orar con ellas, serán
testigos emocionados y atónitos, de este prodigio.
Durante
la bendición con el Santísimo Sacramento, el busto de
un hombre joven, de unos 30 años, cuyo rostro irradia
luminosidad y belleza, aparece la Custodia, en el lugar de la Sagrada
Hostia. Su mano derecha bendice a la asamblea en un gesto de inmensa
bondad. Durante los 20 minutos que dura la aparición, en la
capilla, bañada de luz, se respira una paz
increíble. Una de las religiosas, profundamente recogida en
oración, no ve nada, sólo escucha, en lo
íntimo de su ser, la palabra Señor: "Yo
soy el que soy y sólo Yo soy." |
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El
Arzobispo, monseñor d'Aviau, después de una minuciosa
investigación, declara la autenticidad del prodigio. Aunque es
difícil descubrir todo el significado de una gracia de esta
naturaleza, es interpretada como un signo del Señor, que
invita a seguir adelante con la empresa emprendida. De hecho, en los
meses que siguen, el reducido número de las fundadoras
aumenta de tal manera que el Padre Noailles solicita del arzobispo
ser relevado de sus funciones en la parroquia de Santa Eulalia para
dedicarse a la formación y desarrollo de su obra. |
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"No olvides estas cosas que tus ojos han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; por el contrario, enséñaselas a tus hijos y a los hijos de tus hijos." (Deut. 4,9) |
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