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Siguiendo
a Jesús que vino a la tierra para reunir a los hijos de Dios
dispersos (Jn 11, 52), hacemos nuestro el sueño del Fundador,
de ser en la Iglesia y en el mundo una Familia, donde se construye la
comunión. Esta comunión es un don de Dios recibido y
celebrado y una misión a realizar.
Contemplando
a la Sagrada Familia de Jesús, María y José,
que no amaban, no buscaban y no querían más que a Solo
Dios, y siguiendo a las primeras Comunidades cristianas, que no
tenían más que un solo corazón y una sola alma,
toda la Familia hace suya la pasión por el Reino.
Nuestras
relaciones como Familia se caracterizan por la sencillez y la
mansedumbre que favorecen la unidad.
Como
Familia en misión, en las situaciones en que nos encontremos,
en la diversidad y en la complementariedad de nuestras vocaciones,
nos comprometemos a:
Necesitamos:
Es Cristo quien nos une. Somos Familia en
misión: cada uno encuentra su fundamento y su fuerza en la
Oración, la Palabra de Dios, y la Eucaristía.
Para vivir este compromiso son necesarias la
colaboración y la participación de todas las vocaciones. |