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Carisma |
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"Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de actividades, pero es el mismo Dios que actúa en todas ellas" (1Co 12, 4-6). |
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En los escritos de San Pablo la palabra carisma tiene un doble significado. En sentido amplio se refiere al "don" de la vida cristiana, en general, recibido en el bautismo. En sentido estricto significa un "don" particular, específico, recibido para el servicio y la edificación de la comunidad cristiana. El carisma de la familias religiosas se inscribe en el sentido estricto del término. Cada una, a través de su fundador o fundadora, ha recibido del Espíritu Santo un carisma particular, para realizar una misión específica en el seno de la Iglesia y del mundo. En la historia de la salvación, Dios ha formulado, para cada familia religiosa, un designio de amor, que constituirá su razón de ser, su identidad y misión propia, sin que esto signifique, en absoluto, reducirla a un mero 'instrumento' ya determinado de por una estrategia divina. El carisma de la vida religiosa no es un programa ni un estructura rígida. Es una energía que brota del Espíritu, la fuerza de una vida destinada a comunicarse. Un dinamismo que incorpora al religioso, a la religiosa a una familia dotada con un don especial del Espíritu para una misión específica en la Iglesia. El carisma del fundador o fundadora no se puede identificar con la "obra" que llevó a cabo, respondiendo a las necesidades de su momento histórico. El carisma es un don vivo, es el aliento del Espíritu creador al servicio de una historia dinámica, que no será nunca una simple repetición del pasado. Esta fuerza vital, esta energía espiritual deben desplegarse, encarnarse, adaptarse a los tiempos y a los lugares, a los contextos socioculturales y a las necesidades de las gentes y de los pueblos. |