Juntas como comunidades de discípulas en misión, queremos continuar la misión de Aquel que pasaba haciendo el bien.
Aprendemos, con Jesús, María y José, a no vivir para nosotras mismas, sino para Solo Dios, al servicio del Reino.
Presentes en diversos países y culturas intentamos vivir el amor, y el espíritu de familia que animaba a las primeras comunidades cristianas, que “no tenían más que un solo corazón y una sola alma”.